Óleo   1,62 x 1,24 m.

 

INCOMPRESIÓN

  Observada desde una colina verde

el paisaje ultramar del oeste,

cuando un niño azul de diez años aproximadamente,

mi atención llamó.

 

Me acerqué a su solitaria presencia

y antes de mencionar palabra alguna,

me dijo como si me esperase: Señor,

alguna vez ha visto un pájaro volverse loco de hambre?.

No niño, ¿y tú donde lo has visto?.

Respondiéndome: en mis pensamientos señor.

 

¿ Que dices?, le dije, esos pensamientos no son tuyos, dáselos a tu padre.

Y de sus labios rosa de su carita color pálido ultramar,

me contestó: ¿qué padre señor?, ¿el que murió loco?,

¿o el que murió de hambre?.

 

 Sin querer lo miré fijamente,

y en mi frigidez,

pude sentir sus pensamientos aún tibios,

e instintivamente le pregunté:

¿cuándo murió tu padre?,

fugazmente sonrió e igualmente se puso serio,

y dulcemente contestó: en razón cuando nací yo señor,

y así loco, recién ayer murió de hambre.

 

Desconcertado por su hablar,

giré el rostro hacia las olas

que descansaban a pocos metros,

disimulando oculté mi entrevero de su frágil figura.

 

Escuché entonces su voz con más sentimiento

que me decía: señor ¿cuándo se acaba todo esto?

sin mirarlo y tratando de llegar a su filosofía,

contesté preguntando,

¿ mañana quizás o dentro de mil años?

o quizás hoy, respondió de inmediato,

 

después de un breve silencio que se me hizo largo,

 volteé para decirle algo que no pensaba…

 y… lo vi muerto, mirando al cielo,

agarrando entre sus manitas una golondrina

con los ojos perdidos.

 Comprendí una vez más, que me había equivocado.