Óleo   1,62 x 1,24 m.

 

LA TARDE CUANDO MURIÓ EL CEREZO

La tarde cuando murió el cerezo,

el alma del pinzón herida,

trinaba a la vida su orgullo excelso

que de nada le servía ese día,

pues yerto,

al igual que el primero se hallaba en el suelo,

como en el cielo besando las estrellas

que algún día deseo tocar,

esa misma tarde… por fin... por fin... fue besado,

una y otra vez,

primero en sus labios purpura

y después en el cuerpo,

en todas sus partes…

una y otra vez, por fin fue besado…

y…se dejó llevar por el camino que no tiene huellas…

su cuerpo de todas las sienas…

¡el mejor!, sabía lo que tenía, ¡el mejor¡.

Pero no quería como herencia

el orgullo del cerezo.

 

Cuando las hojas secas que no siempre caen en otoño,

por la tarde, en el camino anónimo…

muy suavemente se elevó el pinzón herido,

y en el viento hicieron el amor …

era su primera vez…

lloro y lloró hasta el amanecer,

el viento acalambrado, quejidos eléctricos…

era su primera vez,

voces… voces…voces,

una y otra vez…hicieron el amor dos veces.

Voces…voces…voces,

Sorda manera de amar,

la tarde cuando murió el cerezo.