Óleo   1,62 x 1,24 m.

 

NO QUEDA NADA

 

     Es increíble que existan ranchos con granjas privadas criando animales exóticos, como leones, tigres, leopardos, panteras, lobos y muchos otros más, para organizar zafaris en campo abierto dentro del mismo rancho, donde el o los clientes previo contrato eligen a sus víctimas, -¡este es el más feroz ¡- expresa el comerciante, -¡ese lo quiero!- concluye el más grande de los depredadores, “el ser humano”, con su fusil Weatherby colgando de su hombro, pistola al cinto, y por si acaso un enorme cuchillo Kanife en su funda a la altura de la pantorrilla. Sueltan al feroz León en predeterminada zona dentro del rancho, este acostumbrado a los humanos porque fue criado desde cachorro, sale majestuoso a la pradera, divisa al cazador pero le resta importancia, mira un gran peñón, va hacia él, se echa, se estira, bosteza, y cae muerto, - el tiro fue perfecto le voló los sesos a través de la boca- comenta alguien- aplausos y vítores al gran cazador. - Aquí tiene el cincuenta por ciento que le debo -  expresa el cliente sacando falso pecho, entregado veinte mil dólares americanos al comerciante, continúan los vítores y las bravatas. Ya en su sitio el cazador muy lejos del rancho cuenta -… salió de la nada, el león se agazapó y se abalanzó hacia mí, y cuando abrió la boca de un solo disparo le perfore el cráneo-, vinieron nuevos aplausos de nuevas gentes, que miraban la cabeza disecada con expresión de gran ferocidad colgada de un gran muro enchapado recientemente en  madera caoba negra peruana en vías de extinción.

    Los humanos nos aseguramos en perpetuar generaciones de generaciones sin importar el medio ambiente, separando o eliminando a toda especie que se interponga en nuestro camino.