Óleo   1,62 x 1,24 m.   

 

FORASTERO DEL  MAR

 Cuando voy al mar,

la esencia pura del alma

se aferra a las algas,

que en pasados remotos

flechas eran de cupidos

mimados por viejos marinos.

 

Cuando voy al mar,

siento que todo lo romántico

del mundo viene a mi encuentro,

el amor de lleno se introduce

en el cuerpo, que me parece

haber amado y dormido en un puerto.

 

Quizás encarnación

de bohemio alabastro,

que al dejar de existir

en los arrecifes del sol poniente,

nacía yo en lo alto del occidente.

 

Cuando voy al mar,

mis ojos son océanos de inquietudes

por mil placeres en un solo día,

hasta las olas tienen vida

que cubren de amor las playas en la noche.

 

A lo lejos, en la vieja bahía,

el viento silba a la brisa coqueta,

que va adormeciendo a los amantes

que escondidos se quieren

en la oscuridad de la luna nueva.

 

Cuando voy al mar,

Los cielos infinitos de rojos y amarillos,

 en un anochecer sin estrellas,

dejan  entrever su  rostro

 pálido rosa… mi aurora austral.

 

Oigo ecos en las rocas salinas

pronunciar mi nombre,

¿voces de golondrinas marinas?...

…¡que han notado mi presencia!,

como intruso doy vuelta atrás

recogiendo memorias por la costanera…

son estrellas que el firmamento

dejó caer en el inmenso mar,

para los forasteros

que guardar desean recuerdos.